LA LITURGIA DE LA ALPARGATA

Ayer se consumó el cambio. Las listas blancas de Podemos, los “cuatro frikis” de Arriola, se han hecho con una importante cuota de poder municipal, en un avance electoral que parece inexorable. Las principales capitales, Zaragoza entre ellas, quedan en manos de esas formaciones; y en muchas otras no ostentarán el bastón de mando, pero condicionarán definitivamente sus políticas.

No han pasado cien días, ni siquiera cien horas, desde la toma de posesión. Es pronto para hacer valoraciones o emitir juicios muy definidos sobre la actuación de estos nuevos ediles. Por ahora sólo podemos juzgarles por sus programas o por su pasado, y esto ya lo hicimos al votar; y por sus formas y estilos en estas primeras horas de asalto al poder, como el mismo Pablo Iglesias lo definió.

Digo esto porque ayer se convirtió en fenómeno viral el atuendo y las actuaciones con los que los concejales de Zaragoza en Común celebraron esa “conquista del cielo por asalto”. Y Zaragoza se clasificó con nota.

Bajo una actitud que quizá quiera expresar “cercanía” o “sencillez” subyace un absoluto desconocimiento del significado de los gestos. Miren ustedes, yo me engalano para la boda de un amigo o un familiar por respeto a lo que allí se celebra y a las personas que viven un momento muy especial en sus vidas; me pongo mis mejores prendas para una entrevista de trabajo como muestra de respeto a la compañía y a quien me entrevista; voy elegante a una comida o cena de trabajo como expresión de respeto al objeto de ese encuentro y al resto de los asistentes. Y al contrario, si soy un republicano acérrimo y combativo, uso mi peor camiseta y mis chancletas más desgastadas en una recepción de la Casa Real  para expresar mi falta de respeto a la institución.

Vivir en sociedad –y en democracia- es entender el sentido de las formas, de observar determinadas liturgias y gestos, porque eso es una forma de comunicarnos, de decirnos cosas. Y en este caso es una forma de mostrar respeto a las instituciones y a los ciudadanos. De momento, los representantes de Podemos lo único que me han manifestado es una falta de entendimiento y de respeto –o un profundo desconocimiento- al sentido de la función pública, de las instituciones y del respeto que merecemos los ciudadanos.

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“Vivir en sociedad –y en democracia- es entender el sentido de las formas, de observar determinadas liturgias y gestos, porque eso es una forma de comunicarnos, de decirnos cosas”

Porque no puedes aparecer en un acto institucional como si fueses a organizar una barbacoa o un botellón; ni reaccionar a tu proclamación como si estuvieses en una despedida de soltero. Con eso muestras una profunda falta de respeto a lo que allí se está celebrando (la asunción del poder que te hemos otorgado los electores) y a los verdaderos invitados a la fiesta, los ciudadanos.

 

 

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