Yo pacto, tu pactas, nosotros pactamos

YO PACTO, TU PACTAS, NOSOTROS PACTAMOS

Se ha convertido en el verbo de moda estos días en el panorama político español después de los resultados de las ultimas elecciones. Aunque no lo quieran, nuestros políticos, están condenados a entenderse y parece que muchos de ellos se quedaran simplemente condenados por no ceder y otros al mismo tiempo se condenaran por ceder demasiado y ser capaces de pactar a cualquier precio por un trozo de la tarta con sabor a poder.

Y todo esto porque hay quien que, hasta ahora no habían demostrado sus gustos, pero teniéndolo tan cerca que casi lo pueden oler, les gusta tanto, tanto, ese sabor a poder, que se olvidan de lo que prometían con tanto ahínco hace tan solo unas semanas.

Promesas que se esfuman, y lo que antes era un “nunca” ahora se transforma en un “puede” o en un “quizás” adornado por supuesto con un “todo es a favor de la ciudadanía”.

Para definir esta manera de actuar de nuestros políticos, lo mejor es echar mano del refranero español y recordar aquello de, “Donde dije digo, digo Diego”.

Meses antes de las elecciones del pasado 24 de mayo, podíamos leer titulares como este:

Pedro Sánchez acusa al partido de Pablo Iglesias de querer convertir a España en Venezuela.

“Ni antes ni durante, ni después se pactara con el populismo, porque el PSOE es un partido de izquierda que mira al centro, que atrae al centro”

“Ni antes ni durante, ni después se pactara con el populismo, porque el PSOE es un partido de izquierda que mira al centro, que atrae al centro”

El Partido Popular, por su parte, alzaba la cabeza asegurando que en ningún caso pactaría con el PSOE o con la formación liderada por Pablo Iglesias.

Este último aseguraba también, que no completaba en ningún momento formar gobierno con ningún partido que tuviera corrupción en sus filas, punto en el que coincide con Albert Rivera y sus “Ciudadanos”.

Entonces, ¿qué ocurre ahora?.

Muchos le han visto las orejas al lobo, por un lado a unos les ha entrado el miedo a perder su silla que ya se había hecho a la forma de su trasero y se preguntan… ¿qué voy a hacer ahora? ¿cómo voy a perder la silla?.

Y ellos mismos se contestan, “Ah no, eso nunca, antes pacto”

Y los otros… que ya están acariciando el poder con las manos, se plantean:
“Quiero el poder y si para eso tengo que cambiar mi discurso, pues lo hago, que no puedo cumplir lo que prometí, bueno, no pasa nada, se trata de promesas electorales que no tienen ningún valor real, que solo sirven para conseguir votos, los votos de aquellos a los que he adulado a sus orejas con mi medida dialéctica, así que mis promesas ya han hecho su función, ahora a por lo que cuenta, ahora a por la silla.”

“Los que eran casta, ahora ya no lo son tanto, los que no lo eran, ahora poco se diferencian de los que lo eran o lo siguen siendo, vamos que todo se vuelve del color que conviene.”

“Los que eran casta, ahora ya no lo son tanto, los que no lo eran, ahora poco se diferencian de los que lo eran o lo siguen siendo, vamos que todo se vuelve del color que conviene.”

Estos días se hablan de muchas cosas y se murmura de muchas más. Se traspasan líneas que cambian de color, proyectos que cambian de forma y puntos que se convierten en comas, todo por conseguir según dicen, un consenso para poder gobernar y “gobernar bien”.

Llegados a este punto, cuando todavía no se ha hecho nada y desde la nada se empiezan a cambiar las cosas, a difuminar lo que antes podía ser una línea bien trazada, lo único que se consigue es la perdida de la confianza del electorado, que no pasa por su mejor momento y vuelve a sentirse engañado.

Para todo y para todos, un consejo, lo mejor es aclararse antes de empezar a embarrarlo todo.

Básicamente, todo se resume con las sabias palabras de Groucho Marx.

“ESTOS SON MIS PRINCIPIOS, SI NO LES GUSTAN, TENGO OTROS”

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