UN VIRREY MENOS

Me dicen que es definitivo, que no volverá a vivir de su cuento ni del de todos, que no tiene apoyos y que no se presenta a la presidencia del PAR para no hacer el ridículo.

Es el fin de un virreinato. Mucho antes de que la política nos la presentaran con un pack de DVDs de “Juego de tronos”, él ya sabía qué hacer para defender su castillo de naipes y a sus complacientes vasallos.

Alfredo Boné ha sido uno de los actores principales en el teatro de la política de los últimos tiempos. Su autoritarismo ha generado animadversiones y pocas simpatías, salvo a los interesados que les convenía gravitar en torno a su órbita de ambición.

Esta táctica ya fue utilizada por Boné al inicio de su actividad política. Gravitó durante años alrededor de José Ángel Biel y su fidelidad le hizo mantenerse muchos años en el poder, pero terminó.

Terminó después de continuas traiciones y deslealtades hacía José Angel Biel. Fue el momento en que Biel y su balanza de la necesidad se inclinó hacia Arturo Aliaga.

Punto de inflexión en su trayectoria. Cayó y perdió todo su peso orgánico en el partido.

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Lo ha sido casi todo en política y en los mejores años, los años de excesos, derrapes de soberbia y burbujas de gasto.

Lo ha sido casi todo en política y en los mejores años, los años de excesos, derrapes de soberbia y burbujas de gasto.

Atila fue el último y más poderoso caudillo de los hunos, cuenta la leyenda que por donde pasaba el caballo de Atila no volvía a crecer la hierba. Se le recuerda como el paradigma de la crueldad, la destrucción y la rapiña.

Alfredo Boné no tiene el espíritu luchador de Atila – pese a su carácter combativo – pero su paso como Consejero de Medio Ambiente en la época del Marcelinato, no trajo más que ineficiencia y años de “sequía” en el buen hacer de la política. No tenía caballo pero a su paso pocas hierbas volvían a crecer, y las que lo hacían, eran malas hierbas sin instinto de supervivencia.

Nueve años de Consejero de Medio Ambiente que centran su trayectoria política y definen su forma de gestionar y entender la política. Nueve años de excesos y muchos defectos consentidos desde el Pignatelli de Marcelino Iglesias.

Qué nueve años… ¡de gloria bendita! Disparando con pólvora de Rey.

El virreinato de Alfredo Boné se gestó con la creación de dudosos institutos o empresas públicas al amparo de su Consejería que han terminado de una manera turbulenta, más que criticadas y con cientos de personas colocadas “a dedo”.

INAGA (Instituto Aragonés de Gestión Ambiental) fue uno de esos dudosos institutos con actuaciones muy cuestionables, en relación a los informes de impacto medioambiental de parques eólicos de Aragón y el dragado del Ebro, entre otros.
El Tribunal de Cuentas encontró indicios de delito en la gestión del Instituto Aragonés del Agua y su plan de depuración entre el 2008 y el 2009. La fiscalía del Tribunal de Cuentas remitió el informe con las irregularidades a los Juzgados de lo Penal de Zaragoza pero no prosperó – vaya -, se quedó en nada y se archivó la causa.
En cuanto al personal laboral de INAGA, el 20% (aproximadamente) no son funcionarios. Imagínense que carnet se adjunta junto al curriculum.

La gestión del Instituto del Agua, es digna de alabar, para un virrey que comienza a tejer su imperio (a costa de nuestro dinero). La política de contratación en este instituto es bastante llamativa, ya que entre el 70% y el 80% (aproximadamente) de los trabajadores no son funcionarios y del nivel 26 en adelante son, casi todos, “aragonesistas” de carnet.

Boné creó la joya del virreinato, Sodemasa. Se decía por los pasillos de la administración autonómica, “Que vienen las hordas de Sodemasa”.
Se llegó a contratar a 1.200 personas entre fijos y discontinuos. Bestial. Así de la nada, el virrey propone y dispone.
Hasta tal punto, que el Justicia de Aragón considero que Sodemasa no cumplía con los principios exigidos en la contratación de personal como recoge la Ley de Administración de la Comunidad, que exige convocatoria pública para personal no directivo y el cumplimiento de los principios de igualdad, mérito y capacidad.

Un conocido dirigente del PAR, me comenta: “Si a la marca del Partido Aragonés se le atribuye el enchufismo y “el dedazo”, la mayor parte le corresponde a Boné y a todos los que giraron la cabeza hacia a otro lado.”

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Pedro Arrojo, uno de los hombres fuertes de Echenique, ha sido siempre su contrapunto en materia de la gestión del agua de Aragón. Pedro Arrojo ya le ha sugerido a Echenique que cuando llegue a la administración Podemos, tenga en cuenta que Inaga e Instituto del Agua son territorio de guerra. Sabe muy bien lo que hay.

Hay que reconocer que la política le ha dejado enemigos y según me cuentan voces autorizadas del PAR, “ha hecho sangre por donde ha ido”. Uno de sus más conocidos enemigos dentro del partido, es el histórico aragonesista, José María Mur.

Perdió amistades por su ambición desmedida, amistades de años de plena confianza, como el distanciamiento con su escolta – imputado en la Operación Molinos por tráfico de influencias – al cual dejó de cogerle el teléfono.

Pero…¡Qué nueve años, de gloria bendita!

Gestionaba dinero sin conocimiento, una época de abundancia de recursos públicos: fondos europeos, ayudas del Ministerio de Agricultura de la socialista Cristina Narbona y un largo etcétera.

Ya sabéis la historia, os la han contado muchas veces. Políticos durante años borrachos de poder y gasto público.

Alfredo Boné siempre ha pecado de una ambición política desmedida. Un “currante” de la política. Un tipo duro, con carácter.

Su última etapa política ha practicado un discurso muy aragonesista y “trasnochado”. Eran los últimos momentos de un virrey de un castillo en ruinas.

Su última etapa política ha practicado un discurso muy aragonesista y “trasnochado”. Eran los últimos momentos de un virrey de un castillo en ruinas.

Después de las elecciones del 24-M, Alfredo Boné escribió un articulo en el Heraldo de Aragón, en el cual se presenta como el futuro que necesita Aragón. A los dos días de ese artículo, manda un comunicado de prensa diciendo que se retira, que lo deja. No deja de ser desconcertante.

Me dicen desde dentro del Partido Aragonés, que posibles “amenazas” de los que conocen su pasado le han “recomendado” que no insista, que ya está bien.

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En fin, la política es injusta Alfredo.

Un día estás arriba en la atalaya capaz de reinar hasta el horizonte. Pero cuando menos te lo esperas hay demasiada altitud, tienes vértigo y caes. Así es la política y más cuando se ha tenido tanto poder, como el que tu tuviste. Cuesta entender que ya no es tu momento.
Un virrey nunca se quita poder pero quizás el poder te ha dado la espalda y hay que recogerse en los cuarteles de invierno, Alfredo.

Confió en que aprendamos de los errores de nuestros políticos para tener un futuro de decencia y honradez en la administración pública y que nunca más tengamos que repetir esta frase:

El virrey ha muerto, ¡Viva el virrey!

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