LA CIUDAD DE TODOS LOS ARAGONESES

Cuando llegas a Buenos Aires, a Capital Federal, proveniente de alguna de las numerosas municipalidades del Gran Buenos Aires; o de cualquier localidad de la gigantesca provincia de Buenos Aires; o de cualquier provincia de la nación argentina (aquí nación no es un concepto discutido y discutible…); en la ruta te recibe un cartel con un eslogan que también hace propio el organismo de promoción del turismo de la capital de Argentina, y que dice: “Buenos Aires, la ciudad de todos los argentinos”

Me gusta mucho ese mensaje. Y en seguida se me va la cabeza (mejor dicho, el corazón primero y después la cabeza) a Zaragoza y Aragón. No sé a ciencia cierta cuánto y cómo de propia sienten Buenos Aires los argentinos no porteños, pero probablemente más y mejor de lo que los aragoneses no zaragozanos sienten como propia Zaragoza. En ambos casos he escuchado innumerables veces referencia a la fama de subiditos, soberbios o con complejo de superioridad de los capitalinos. En el caso de Aragón y Zaragoza, que no exista ese espíritu y creencia de una Zaragoza de todos me parece una gran oportunidad desaprovechada desde muchos y relevantes puntos de vista.

“merecería la pena el esfuerzo de reflexión, definicion, estrategia y despliegue de la realidad de hacer de Zaragoza la ciudad de todos los aragoneses”

Imagino que la lista de agravios, excusas, celos, deseos, falsas verdades y medias mentiras sería interminable y un trabajo tan largo como poco práctico para sociólogos y buenos conocedores de la profunda y variada realidad aragonesa. Pero vengamos de donde vengamos en ese pasado de causas, merecería la pena el esfuerzo de reflexión, definicion, estrategia y despliegue de la realidad de hacer de Zaragoza la ciudad de todos los aragoneses. No para sustituir los amores primarios por la ciudad, villa, pueblo o aldea originaria o de residencia de cada aragonés; sino como un plus de orgullo de vinculación, como un placer de estima adicional, porque ni los afectos ni las emociones tienen cupos.

“como no se consigue es con discusiones bizantinas sobre leyes de capitalidad como las que han venido ocupando, y que sólo consisten en reñir por unos millones de euros”

¿Y cómo se hace esto? Doctores para ello tienen, o deberían tener, todas las iglesias; pero, desde luego, como no se consigue es con discusiones bizantinas sobre leyes de capitalidad como las que han venido ocupando, y que sólo consisten en reñir por unos millones de euros; cuatro duros, unos mangos, una pasta, algo de plata, guita o como quiera llamar cada uno al vil metal ensombrecedor de los lazos que podrían y deberían desarrollarse.

Sabiendo que en la clase política aragonesa y zaragozana no se vislumbran líderes para tanta dimensión, podría pensarse en la ayuda de visionarios, gurús o pensadores “externos” que fueran de libertad, nobleza, experiencia y capacidad contrastadas en estas lides. Pero me temo que si alguien lo propusiera, y mucho más si se llegara a intentar hacer, probablemente asistiríamos a alguna variedad de los habituales espectáculos de simbiosis entre grandes proyectos y corrupción política, o a alguno de los de mareas contra cualquier modelo de “privatización”; o, probablemente, en vez de sólo un tipo de espectáculo, presenciaríamos los dos.

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