LA GRIETA POLÍTICA: TAN JUNTOS Y TAN LEJOS

El término “Grieta” en Argentina fue acuñado por el conocido periodista Jorge Lanata. Cualquier argentino medio entiende su significado y reconoce la realidad de su existencia. Hace referencia a la división irreconciliable, a la sima, que separa las posiciones políticas de dos partes casi iguales de la población. Se manifiesta en infinidad de facetas con posiciones opuestas vinculadas a una visión política de cualquier realidad; en todo ámbito social, incluidos el trabajo y la familia.

Durante los últimos treinta y tantos años, aunque bien aderezados de notables imperfecciones, los españoles hemos vivido la existencia de diferenciación política como una necesidad social y un marco saludable de convivencia; casi siempre haciendo que la divergencia política fuese un ejercicio prudente y ponderado. Salvo posiciones puntuales muy reaccionarias en los extremos derecho e izquierdo, no ha existido exceso de crispación entre la abrumadora mayoría que nos situamos en esa enorme franja que contiene las posiciones políticas principales.

Pero ese eficaz dispositivo social que formábamos, una especie de potenciómetro político de variación continuada en suave transición, empieza a ser sustituido por un drástico interruptor que sólo sabe estar encendido o apagado; está comenzando a ser reemplazado por una indeseable grieta.

La grieta catalana

¿No es acaso una enorme sima la que separa a casi dos partes iguales de la sociedad catalana, tan cercanas como para convivir pero tan aisladas por la grieta en la que la posición ante la independencia los ha dividido?

¿No es acaso una grieta la que, en menor medida pero nada despreciable y cada vez más creciente, divide a los zaragozanos entre defensores y detractores de los fondos y formas políticas de los representantes públicos de Zaragoza En Común?

Y en el conjunto de España, ¿no es una grieta enorme la que separa a los que ven diabólico todo lo que haga referencia al PP de los que ven demoníaco todo lo que se refiera a Podemos?

“Estamos entrando en una peligrosa dinámica de juzgar mal o bien una idea o concepto dependiendo exclusivamente de quién habla de ello

Estamos entrando en una peligrosa dinámica de juzgar mal o bien una idea o concepto dependiendo exclusivamente de quién habla de ello, sin prestar atención alguna al contenido o a la esencia. Tenemos muy claro contra quién estamos aunque no sepamos a favor de quién estaríamos. Nos empiezan a unir los odios y no las afinidades.

A los del otro lado de la grieta no se les escucha, sistemáticamente no se cree nada de lo que dicen; al tiempo que nadie de nuestro lado de la grieta cuestionará nada de lo que digamos, por muy escandaloso ejercicio de talibanismo que estemos protagonizando, o sea de vergüenza ajena nuestra conducción dialéctica bajo los efectos del alcohol político.

En la política es necesaria la distancia entre opciones, pero el espacio entre ellas, por muy grande que sea, debe poder ser recorrido. Pactar consiste en recorrer ese espacio con parte del movimiento a cargo de cada uno. Si hay una grieta la distancia pasa a ser insalvable, por muy corta que sea.

Los difíciles pactos políticos, que casi nadie cree que vayan a alumbrarse para la formación de Gobierno y otros consensos, no son sino un reflejo de este preocupante escenario; porque los partidos parecen temer el castigo de la pureza racial política de los electores; porque la idea de héroe no suele asociarse a la de un negociador sino a la de un dominador; porque la justicia, la paz o el bienestar nos parecen inventos de los nuestros al tiempo que usurpaciones que nos han hecho los otros cuando son ellos los que los nombran.

“Un voto no es una afiliación, ni siquiera una profunda afinidad.

La ausencia de grietas debería permitir que un ciudadano pudiera llegar a votar a cualquiera de las opciones políticas. Un voto no es una afiliación, ni siquiera una profunda afinidad. Hay momentos que requieren que herramientas como el voto se manejen de forma no convencional. Que alguien grite en un momento determinado no implica que sea un gritón, y mucho menos un maltratador verbal. Cuando los políticos nos intentan convencer de eso buscan crear grietas, porque en el fondo ellos pueden vivir más cómodos en su seguridad sectaria cuando nos tienen confinados en su corral ideológico bien rodeados de grietas.

Ojalá…

Ojalá todos reaccionemos pronto y vuelva la tinta a servir para escribir acuerdos y no para tatuarse la cara con pinturas de guerra.

Ojalá descubramos rápido que lo más simple casi nunca es lo mejor, y que el mestizaje es una fuente de enriquecimiento siempre, pero sobre todo cuando lo que mezclamos es suficientemente dispar.

Ojalá nunca sintamos la angustia de vernos muy cerca pero no podernos tocar porque la grieta nos haría perder pie antes de que se rozaran nuestros dedos.

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