COLESTEROL

Son el colesterol de nuestra sociedad, el malo, el peor. Una amenaza, la más extrema, para nuestra salud política, económica y social. Son el freno permanente al flujo de sangre de la libertad económica, la igualdad jurídica y la fraternidad social de los ciudadanos.

El repugnante franquismo aún les sirve de coartada para decirnos que son adalides de nuestros derechos, representantes de la libertad de todos, tótem de la democracia. Son, salvo muy escasísimas excepciones, egoístas recalcitrantes, mentirosos compulsivos, desechos de todo tipo de tienta, desconocedores absolutos de la creación de trabajo y de la ejecución ejemplar del trabajo, botafumeiros de hojalata que esparcen humo y no valen nada, los ultimos de todas las selecciones de personal de las empresas de verdad, los tontos de la clase que todos recordamos, los menos sabios, los más zotes, los menos libres, los más sinvergüenzas y desahogados, los más insolidarios.
Nunca en la historia reciente habían alcanzado semejante nivel de manipulación de todo e inanidad intelectual. No se recuerda una correa tan larga como la que les dan hoy los amos de estos cachorros, y una tolerancia tan extrema e insultante para todos nosotros como la que les permitimos como sociedad.
Por supuesto que no hay diferencias entre los que mandan mal o aspiran a mandar peor, entre los de un partido u otro, entre los de la casta consolidada y decadente y la neocasta nauseabunda y perversa. Hablamos de perfiles de especimen, de tipejos, de escoria.
“Nos tienen hipnotizados como sociedad, ejercen de sanguijuelas de nuestro esfuerzo y dinero que malgastan en su beneficio”
Ahí están, casi no se habla de otra cosa en los boletines de radio, apenas se escribe más que de ellos en los diarios, se les ve hasta la náusea en televisión. Nos tienen hipnotizados como sociedad, ejercen de sanguijuelas de nuestro esfuerzo y dinero que malgastan en su beneficio, detrayendo muchísimo del destino noble de la solidaridad necesaria para cuidar la salud de todos y la educación de los más jóvenes, esencia del futuro.
Siempre los había imaginado malos, pero nunca tanto. Verlos de cerca impresiona por su extrema necedad, su asqueroso sarcasmo, su enorme vileza y esa repugnancia insoportable de la contemplación de la basura hecha monumento.
Sí, claro; por supuesto que me refiero a los políticos, a todos. Sólo hay mínimas excepciones que no son colesterol, sino cómplices. La acción de unos y la candidez de todos nos ha envenenado.
 ¿Y ahora qué? Pues ahora no sé, pero cualquier cosa menos seguir haciendo el ridiculo esperando que las serpientes venenosas pongan huevos con antídoto.

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