DE LIBERTADES Y CADENAS EN EL PARTIDO POPULAR DE ARAGÓN

Aunque muchos aragoneses que se declaran liberales afirman que no pueden tener afinidad ideológica con ninguno de los actuales partidos políticos, también es cierto que muchos otros que se declaran liberales están afiliados al Partido Popular en Aragón.

No me negarán que aunque los conceptos liberal y libre están cargados de sus propios matices; ambas nociones están muy vinculadas entre sí, y podría decirse que están conectadas a través de la idea de la libertad.

Los dirigentes del Partido Popular afirman que más de 800.000 españoles son afiliados o simpatizantes censados en esta formación política. Algún estudio privado sitúa en unos 100.000 los que son afiliados, los que pagan cuota. Como no conozco datos oficiales del PP en Aragón, me guío por la aproximación estadística que situaría en unos 25.000 los afiliados y simpatizantes censados, de los que unos 3.000 serían afiliados con plenos derechos y obligaciones.

25.000  ó 3.000 son muchas mujeres y hombres, jóvenes y mayores, con sus perfiles en redes sociales, con mentes para pensar y almas para sentir. Muchos, muchísimos, individuos tan discretos que me surgen algunas preguntas:

¿A todas esas personas les parece bien la falta de reacción contundente, la no asunción de responsabilidades políticas, el silencio escandaloso para la autocrítica, la no purga ejemplar… de sus dirigentes nacionales y autonómicos en estos años de sucesión de escándalos protagonizados por políticos de su formación?

¿Cómo es posible que no sea un clamor, casi una revolución interna, de críticas y exigencia de responsabilidades (aunque sólo sea por el gravísimo perjuicio a su partido) como consecuencia de las acusaciones por: financiación ilegal, sobresueldos, malversación, adjudicaciones irregulares, comisiones ilegales, tramas político-empresariales, etc. en las innumerables causas abiertas que afectan a más de 500 imputados del Partido Popular?

En mi opinión las respuestas son: no, no les parece bien a la inmensa mayoría de los afiliados; y no, no es posible que no fuera un clamor o que no hubiera una revolución… ¡si todos esos afiliados fueran personas libres o decidieran comportarse como las personas libres que son! 

Así que, irremediablemente, me asaltan más y más inquietantes preguntas que comparto aquí con Vds.:

¿Por qué no son libres? ¿Por qué no se comportan como seres libres? ¿Cuántos no lo harán por miedo a perder algo que quizás ostentan no por su valía, sino por su afiliación? ¿Cuántos no lo harán porque piensan que las cosas no están bien o mal por sí mismas, sino en función de si las hacen los propios o los otros?

Pienso en ellos y en su entorno y me gustaría escuchar las respuestas con las que se explican ante las más que probables preguntas incómodas de sus hijos, familiares, amigos, compañeros de trabajo… Me gustaría escudriñar sus gestos y leer su lenguaje corporal justificando cómo pueden callar o no haber renegado de una organización que no ha sido renovada y regenerada de arriba a abajo tras dar cabida a desastres como Bárcenas, Púnica, Gúrtel, Rato, Bankia, Matas, etc, etc y etc.

Estamos donde estamos también por ellos, por todos los que callan o miran para otro lado; por todos los que no levantan la voz para intentar que las cosas cambien, y no lo hacen por el miedo a perder un estatus tan confortable como indigno.

Estamos donde estamos por no ejercer cada uno nuestra libertad; que claro que es un derecho, pero que también es una obligación: una obligación con nuestra dignidad, y con el futuro de los nuestros y de todos.

No hemos elegido cada uno todo lo que nos ha tocado ver, pero podemos elegir qué hacer ante lo que hemos visto.

Así que muy liberales, pero de conductas más propias de los de vivan las cadenas. Muy liberales, pero escandalosamente poco libres. Muy henchidos de envolverse en la palabra libertad, pero bien atolondrados a la hora de saber qué hacer con ella. Muy defensores de más liderazgo del individuo y menos del Estado; pero está teniendo que venir el Estado, a través de los tentáculos de la Justicia, para empezar a airear las cloacas genovesas de los que, estando de algún modo en las filas del partido, no han dicho ni ante las puertas y ventanas cerradas a cal y canto durante tantos años de corrupción y de vergüenza.

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