Votando

NO SEAMOS ÑOQUIS

Acá en la Argentina hay una tradición muy popular que consiste en comer ñoquis el día 29 de cada mes. Los más supersticiosos ponen un billete debajo del plato porque la costumbre reza que quien lo hace conseguirá que no le falten billetes durante el mes siguiente, hasta el próximo plato de ñoquis.

Los ñoquis son un tipo de pasta italiana a base de patata, harina y queso de ricota; aunque existen multitud de variedades. Pero más allá de la gastronomía, se les llama ñoquis a unos 200.000 funcionarios públicos “fantasma” (en torno al 5-7% del total de empleados públicos); que carecen de función y lugar en el que desempeñar su trabajo, fueron contratados a dedo como pago de favores políticos o como paso previo a disponer de su favor político futuro; y que el día 29 de cada mes (como los ñoquis) pasan puntualmente a cobrar su nómina mensual. Sí, estas cosas pasan en este país de genios y de locos que es la Argentina.

Se preguntarán Vds. por el título de este artículo, y cómo es posible que nosotros los aragoneses o todos los españoles podamos ser ñoquis cuando la mayoría no somos funcionarios, y los que lo son sí que realmente trabajan para ganarse el sueldo a fin de mes. Quizás debería haber titulado “No seamos ñoquis… de los partidos políticos”

Y es que cada cuatro años los políticos de los partidos nos llaman a votar para conseguir nuestro favor en forma de voto con carácter de cheque en blanco; con el que apoltronarse en una institución europea, nacional, autonómica o municipal. Pretenden convencernos de que sus obligaciones democráticas empiezan y acaban en ese ritual de convocarnos a la votación, tomándonos por puntuales ñoquis ante las urnas, como alimento de sus justificaciones futuras por no cumplir nada de lo prometido y escaparse de la necesaria fiscalización política. Y con sólo eso quieren que ya nos sintamos henchidos de democracia. Nos hacen promesas tan poco creíbles y esotéricas como la esperanza de los que ponen el billete debajo del plato de los ñoquis.

“Algunos afirman que el que no vota no se puede quejar, y yo les digo que el que no se puede quejar es el que les ha votado. No ir a votar es un derecho, porque votar es un derecho.”

Después del más difícil todavía de los espectáculos de bochorno político que nos han ofrecido en los últimos meses, ahora nos vuelven a convocar; y repetirán el consabido voten a quien quieran pero voten. Yo les propongo otra reflexión: no voten a ninguno. Precisamente porque todos nos tratan como obedientes ñoquis ante las urnas, faltemos a la cita. No es por desidia, es por responsabilidad. Algunos afirman que el que no vota no se puede quejar, y yo les digo que el que no se puede quejar es el que les ha votado. No ir a votar es un derecho, porque votar es un derecho. La obligación es ejercitar el derecho con consciencia y a conciencia. Algunos dicen que como son todos iguales se puede votar a cualquiera, yo digo que como son todos iguales no se puede votar a ninguno. Y desde esa reflexión es desde la que me posiciono en que no cuenten conmigo en esta ocasión

Los aragoneses tenemos una ventaja. Somos unos adelantados en el saber que la llegada de socialistas y podemitas a las instituciones no trae nada, o lo que trae no es nuevo ni bueno. ¡Y qué decir de las naranjas fétidas y sus lamentables espectáculos, especialmente en Aragón! Y el PP sólo puede merecer nuestra censura y rechazo tras su falta de agallas para las reformas y contra la corrupción. Sólo alguna opción alternativa como UPyD o el voto en blanco nos evitaría arrepentirnos de votar, pero con ese voto ni se inmutarán las cuatro patas del banco de la casta política. Sólo se preocuparán un poco si la abstención les da un buen bofetón.

Así que si les encajan los argumentos, quédense en casa el 26-J, prepárense unos ñoquis y cómanselos a gusto. Eso es lo que hará un servidor.

Un comentario en “NO SEAMOS ÑOQUIS

  1. El voto puede ser un instrumento de castigo y también una herramienta de justicia. Votar al injustamente apartado por los medios de comunicación me parece un acto de justicia poética más potente que no votar. Apostar por el caballo cojo, creer en los milagros, ser del Atlético Madrid o del Real Zaragoza. Llámalo como quieras, pero siempre mejor que votar al que ya te ha engañado o que negarle el voto al débil.

Deja un comentario