PROPÓSITO DE LA ENMIENDA

Nadie con madurez suficiente es tan ingenuo como para pensar que puede cambiar el mundo, al igual que nadie con sensibilidad suficiente puede pensar que no puede cambiar algo del mundo que le rodea.

Vivimos días de desafección creciente hacia la política, tras meses de haber alcanzado hitos de obsesiones políticas como no se recordaba desde el inicio de la transición. Y es que todo orgasmo requiere de su posterior fase de meseta.
De igual manera que el título de sociedad más rica debería ser para la que menos pobres tuviera y no para la que más ricos contemplase, la salud política de nuestra sociedad deberíamos medirla en los valles de las legislaturas y no en los picos coincidentes con las elecciones.
Poco a poco se irán apagando los ecos de las tertulias políticas televisivas en franjas horarias de máxima audiencia, las campañas orquestadas en redes sociales, los discursos inflamados en las barras de bar, los rifirrafes entre cuñados en los encuentros familiares, las puyas ideológicas entre compañeros de trabajo frente a la máquina del café.
Pronto los políticos cesarán sus discursos de pañuelos prometidos y los ciudadanos nos quedaremos con los mismos mocos. Ellos retornarán a sus cuarteles y factorías de mentiras a pergeñar las próximas promesas para la siguiente edición de circo electoral; y los demás mochuelos volveremos a nuestros olivos emocionales, donde los mismos anhelos y sueños rotos o a medio hacer nos recibirán con una leve sonrisa burlona, para recordarnos la ingenuidad de haber pensado que los padres y las madres de la patria y la matria iban a ser los bueyes de nuestro carro.
Como la vida son ciclos, con sus rutinas necesarias rodeadas de incertidumbres imprescindibles; y al igual que llegará el fin del verano que ahora parece lejano en el soberbio hemisferio norte, y con él las dietas y el apuntarse al gimnasio, los anuncios de colecciones en fascículos, la vuelta al cole, y los ojos de plato al ver el extracto con los cargos de la tarjeta de crédito; debería también llegarnos un hilo de conciencia y un halo de reflexión para escribir cien veces en un cuaderno de hoja cuadriculada, y ponerlo bien visible en la puerta de la nevera: NO VOLVERÉ A SER UN PARDILLO POLÍTICO

Un comentario en “PROPÓSITO DE LA ENMIENDA

  1. Decepción ante la espuma de la política, una espuma que nos ha dejado casi sin cerveza en la copa. Levísima esperanza de que otros políticos (los que no salen en TV) sepan “tirar bien las cañas” durante la legislatura.
    Muy buen artículo, amigo Manuel. Se te nota ligeramente el invierno austral en la pluma. Imagino Buenos Aires bajo la bruma.

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