YA NO NOS DAN PAN PERO NOS SIGUEN LLAMANDO TONTOS

El sabio refranero español dice “Dame pan y llámame tonto”. Durante los largos años de las vacas gordas vivíamos con el crónico déficit democrático pero narcotizados por la bonanza económica. Tras caernos del guindo de la aparente opulencia quisimos consolarnos pensando que les íbamos a dar para el pelo a esos malditos que no nos representan, y que los íbamos a bajar de la casta para poner en manos del pueblo lo que nunca acaba siendo del pueblo. Casi cinco años después del 15M, y después de casi dos años de que los adanes de la política llegaran para salvarnos; seguimos siendo los tontos del déficit democrático y el pan no ha vuelto a aparecer. A los de siempre les sobra, y a los de siempre les falta.

Los adanes no son sólo los morados, son las fraudulentas naranjas, los tramposos renovadores rojos, y las falsas promesas azules. La casta fue la casta, es la casta y seguirá siendo la casta.

“Los adanes no son sólo los morados, son las fraudulentas naranjas, los tramposos renovadores rojos, y las falsas promesas azules”

Hace unos días se publicaba que, a pesar del crecimiento nominal por encima del 3% en 2015, el PIB en Aragón es aún más del 5% inferior al de 2008. En baturro, que somos un 5% más pobres de media; lo que sumado al aumento de la desigualdad, imaginen dónde sitúa a la mitad inferior de las PERSONAS que están detrás de la estadística.

Eso sí, ahora ya con pocas mareas, porque quien más quien menos conoce a alguno que antes estaba en manifestaciones y ahora pulula por la plaza del Pilar (y no para poner velas a la Virgen), o por al lado del Pignatelli (y no para torear en el histórico coso de la Misericordia).

Por si lo quieren resumido, ahí va: los del PP cuéntame otra vez esa historia tan bonita de aquella derecha lista que nos hacía tan ricos nos mintieron como bellacos, y nos han entrampado hasta las cejas; sin recortar el coste político que nos asfixia, y permitiendo que prosperaran entre sus filas chorizos de todo corte y confección.

Al mismo tiempo, los filántropos de la igualdad triunfaron en la reivindicación de que la incompetencia cabe igual a derecha que a izquierda; y los recién llegados se han instalado para poner de manifiesto que, una vez más, algunos son más iguales que otros; y como continuidad de habernos “encasquetado” un tranvía ruinoso en Zaragoza, nos están dando a pachas con los podemitas generosas raciones de rancio e inane populismo.

Y mientras tanto, ni una puñetera espiga de trigo con la que llevarnos a la boca más pan que el que le arañamos a la corajuda batalla de cada día. Como muchas veces hemos dicho los que lo decimos, queremos que sean como los árbitros con nuestro Real Zaragoza, que no nos den nada pero que tampoco nos lo quiten. Cosa que, por supuesto, jamás conseguimos.

Da pena volver a Zaragoza, a casa, por unas semanas; y caminando por los barrios de la ciudad descubrir centenares de comercios cerrados, de locales abatidos por las balas políticas del fuego amigo. Apena percibir el pulso lánguido de nuestra comunidad y sus gentes. Igual que cuando uno deja de ver durante meses a familia y amigos, y ve a los jóvenes muy crecidos y a los mayores más decrépitos, esa distancia temporal pone ante mis ojos una perseverancia en la rendición continuada de nuestro querido Aragón, de nuestra amada Zaragoza.

“Da pena volver a Zaragoza, a casa, por unas semanas; y caminando por los barrios de la ciudad descubrir centenares de comercios cerrados, de locales abatidos por las balas políticas del fuego amigo”

Ante la pregunta de qué podemos hacer, con la que nos interrogamos con la mirada y la insolencia verbal algunos de los más rebeldes, surgen múltiples respuestas; casi todas tan fuera de lugar como comprensibles, casi todas tan ilusas como contraproducentes. Pero casi todas también con un común denominador: como sientan que nos hemos rendido, estamos muertos.

Y nuestra muerte civil es la vida eterna de estos incompetentes certificados, habitualmente trufados de ladrones insuficientemente confinados. Nuestra renuncia sería la enésima repetición de la historia de la basura política de siempre: el estado de impunidad.

Igual que el 3D no convierte en buenas las películas malas en 2D; pasar del mamoneo entre dos al mamoneo entre cuatro sólo ha diversificado los protagonistas de los vicios, y aumentado los acreedores morales de los tontos de siempre que, además, ahora ya no tenemos pan.

“Pasar del mamoneo entre dos al mamoneo entre cuatro sólo ha diversificado los protagonistas de los vicios”

Les propongo una cosa: afilen su mala leche, no les pongan fácil nada en ningún ámbito por pequeño que les parezca, canten o cuenten a los cuatro costados que estos actualizados napoleónicos tampoco pasarán; al menos sin dejarse muchos pelos en la gatera.

Como no nos dejan decir nunca nada, y cuando lo decimos no hacen ni puñetero caso; sólo como un pequeño aperitivo, preparen su silencio para las elecciones que se nos vienen encima. Preparen su silencio que, ojala, consigamos que resulte atronador.

Pan seguirán sin darnos; pero, por favor, no permitan que sigan llamándonos tontos.

Un comentario en “YA NO NOS DAN PAN PERO NOS SIGUEN LLAMANDO TONTOS

  1. Buena pincelada del “desaliento” y “coraje” de los Zaragozanos ante la evidencia de tomadura de pelo a la que nos someten la “vieja” y la “nueva” CASTA. NO PASARAN!! Ni los Viejos, ni los Nuevos. Que sientan en sus carnes el “desdén” del SILENCIO, y la “vigilancia” de la PALABRA de aquellos a los que “ya no les dan Pan” y “les siguen diciendo tontos”

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