Ejecución de Robespierre

ECHENIQUE ROBESPIERRE CONTRA PABLO SMITH

No puedo negar que, detestando las ideas políticas que Pablo Echenique defiende, siento una fascinación por el personaje; fascinación que fácilmente se torna simpatía. Sí, lo siento. Me cae bien Pablo Echenique. Me parece un tipo honesto, que como toda persona inteligente puede pecar en ocasiones de soberbia, pero que al fin y a la postre le importan las personas. Supongo que esto de preocuparse por las personas son reminiscencias de su pasado liberal que repudia pero no esconde.

No creo que Echenique sea un extranjero –sudaca diría algún odiador profesional- que haya venido a Zaragoza para aprovecharse del sistema. Como decía aquel, uno es de donde hace el bachillerato, así que yo no le voy a negar su condición de aragonés. Probablemente él sienta esta tierra de manera más intensa de la que lo hago yo misma que, como dice mi abuela, soy un poco descastada.
Tampoco creo que sea especialmente relevante para entender mi fascinación con el personaje el hecho de tener una discapacidad. Sin duda es un mérito, y grande, haber desarrollado una carrera con las enormes limitaciones físicas que tiene. Pero mi fascinación por Echenique no va por ahí… chapeau por él y su familia. Pero esa parte no me interesa.

A mi lo que me fascina de Pablo Echenique es adivinar qué evolución va a tener. Presumo tanto su buena intención como el error de sus ideas. Sí, es mucho presumir, pero este artículo es mío, si no le gusta no siga… Con estas cartas marcadas hagamos futuribles. ¿Qué le depara el mañana a Pablo Echenique?

La primera opción, la más probable estadísticamente, es que como toda persona expuesta al poder termine acomodándose, es decir que caiga en la ciénaga de la corrupción. El poder corrompe siempre, no tengo la más mínima duda. Pero el tiempo de exposición al mismo y la fortaleza moral de la persona puede convertirse en un seguro de honestidad. No se trata de que la persona pueda vencer la tentación, sino de que el poder te expulse antes de que te haya dado tiempo a corromperte. En definitiva, creo honestamente que la carrera de Pablo será corta. Él es un outsider de la política. En política puedes estar en la casta, aspirar a ser casta, dirigir un freak-show, pertenecer a un sindicato del crimen, o practicar la esclavitud complaciente; pero no se admite a la gente que juega con otra baraja. O eres político o no lo eres. Y yo creo que Pablo Echenique no es un político.

“Es tan dura la lucha política, es tan frustrante (…) que lleva al político con ideales a deshumanizarse(…)”

Una segunda opción es que se convierta en Echenique-Robespierre. Y me explico. Los perfiles más peligrosos en los procesos revolucionarios son los puristas, lo guardianes de las esencias revolucionarias, en definitiva los incorruptibles. Y así llamaban a Robespierre durante la Revolución, el Incorruptible. Sólo la sangre era capaz de depurar la República. No creo que Podemos termine instalando la guillotina en la Plaza del Pilar; pero Echenique corre el peligro de convertirse en una máquina de picar carne política para mantener a flote los ideales igualitarios que defiende. Es tan dura la lucha política, es tan frustrante y asqueroso todo lo que se genera en torno al poder, que lleva al político con ideales a deshumanizarse, a poner a las personas al servicio de las ideas, y no las ideas al servicio de las personas.

La tercera y última opción es que Pablo se convierta en Mr. Smith, en Pablo Smith. Pero, ¿Quién es ese Mr. Smith? Pues es James Stewart en una deliciosa película del genial Frank Capra: Caballero sin espada, que originalmente se tituló Mr. Smith va a Washington. La película tiene casi ochenta años, y cuenta la historia de un joven político que llega a Washington cargado de ilusiones, ilusiones que se ven truncadas muy pronto por la corrupción y el juego sucio. No contaré el final de la película, pero sí me gustaría detenerme en lo que transmite la figura del protagonista. Mr. Smith de hoy sería un activista social, una persona “con conciencia”. Probablemente sería ecologista y algo hipster. Pero aparte de estos clichés reduccionistas, Mr. Smith sería un buen tipo. Un tipo que cree en los demás. Una persona que confía en el ser humano. Un pececillo simpático abandonado en un estanque de pirañas. Pero un pececillo que, pese a los golpes de la realidad, nunca dejó de creer en las personas y en la capacidad de cambiar las cosas sin perder esa ingenuidad que define al personaje, en definitiva sin deshumanizarse.

“Que cuando te defraudes con la política la amargura no te lleve a la deshumanización”

Esta tercer opción es la que deseo yo para Pablo Echenique. Pablo: ¡Ojalá nunca llegues al poder!, porque las ideas que defiendes nos encaminan a la servidumbre. ¡Ojalá no te corrompas nunca! Porque podrás seguir mirándote al espejo cada día con la conciencia tranquila. Pero sobretodo, si llegas al Poder, espero que seas Mr. Smith y no Robespierre. Que cuando te defraudes con la política la amargura no te lleve a la deshumanización, sino a todo lo contrario. A parar, a recapacitar y apostar por la gente buena. Que la hay… y mucha. Aunque casi todos ellos están fuera del mundo de la política.

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