CONTRIBUIR PARA RECIBIR… PALOS

Recuerda que a ti, contribuyente, no sólo Montoro está esperando a succionarte la cuenta corriente cada vez que llega ese alegre día del cobro de nómina o de facturación a tus clientes. Detrás de Montoro, como digo, se agolpan unos cuantos montoritos quizá menos conocidos pero no por ello con menor capacidad de succión de nuestros ahorros.

Tenemos a Montoro II que quiere dejar bueno al primero. Este se llama Fernando Gimeno, un especialista en el trilerismo presupuestario y que tuvo unos años de prácticas triunfales en el ayuntamiento de Zaragoza dejándola con uno de los niveles de deuda pública más alto de todas las grandes ciudades de España.

Finalmente os presento a Montoro III. El consejero de economía, hacienda y ¿cultura?, pues sí, y cultura, del ayuntamiento de Zaragoza, Fernando Rivarés que no hace más que quejarse de todas las telarañas que encuentra en la caja de caudales consistorial y pretende inflarnos a impuestos para imponernos esas políticas de cambio, a costa de nuestro bolsillo.

Los tres son de diferentes partidos aunque creo que básicamente pertenecen a la misma corriente política, aquella que piensa que exprimir a los ciudadanos a impuestos es la mejor y única manera de que salgamos de esta crisis en la que tanto colaboraron a que entrásemos.

Con la excusa de la emergencia social, algunos (que no atienden), con la excusa de corregir el déficit público, otros (que no corrigen), con la excusa de saldar cuentas pendientes del anterior (está por demostrar), encuentran la solución perfecta, única, máxima, maravillosa: subir impuestos.

Y luego van buscando alianzas electorales por doquier. Pues no encuentro más que semejanzas en lo que a política fiscal se refiere: subida del IVA, subida del IRPF, subida de Sucesiones y Donaciones, subida de impuestos sobre los hidrocarburos, subida del IBI… no se salva ni uno sólo de los partidos.

“¿cómo van las cuentas públicas? De maravilla, viento en popa hacia la quiebra…”

Y, ¿cómo van las cuentas públicas? De maravilla, viento en popa hacia la quiebra… ¡Ah, no! Que Fernando Gimeno el otro día dijo que la administración no puede quebrar, y añado yo, que para quebrar ya están las familias y las empresas que sostienen a una administración hipertrofiada que asfixia las economías más expuestas.

Y además siguen pidiendo relajamiento en el cumplimiento del déficit, es decir, déjame gastarme más de lo que ingreso, porfi. Eso se lo cuentas al director de tu oficina bancaria cuando te toque renovar la línea de crédito, a ver si cuela.

Sigo con las cuentas para ilustrar los desmanes de nuestros “expertos” gestores políticos del dinero que nosotros ganamos y que dejamos a su ventura.

Si la deuda por español es de 23.242 €, le sumamos los 5.300 € por aragonés y los 1.609 € por zaragozano, nos sale la bonita cifra de 30.151 € a los sufridos residentes en la capital de Ebro.

Voy a seguir amargándoos la lectura. He dicho que ese montante es por zaragozano. Si en una casa normalmente vivimos cuatro personas, pues la deuda total por familia ascendería a, frótate bien los ojos, 120.604 €.

No acaban aquí las buenas noticias. Resulta que en Zaragoza, de las alrededor de 665.000 personas que vivimos, sólo algo más de la mitad tienen ingresos por su actividad. La otra mitad son receptores netos de rentas (por ejemplo, los jubilados) o sencillamente no las tienen (por ejemplo, los menores o estudiantes). Es decir el total de la deuda de los zaragozanos sólo pueden pagarla aquellos que tienen ingresos, es decir, la mitad… multiplique usted por dos la deuda y llegamos los 61.000 € por zaragozano perceptor de rentas por actividades.

Pero no nos pongamos tan trágicos. ¿Acaso no hay miles de familias que durante los últimos años se ha ido endeudando por cifras como esa o aún mayores, por ejemplo, para comprarse su propia casa?

Pues precisamente aquí está el problema. Lo que en cualquier familia es de sentido común, para los estatistas parece no funcionar. ¿Qué familia pediría una hipoteca para pagar la luz, la compra semanal del súper, la factura del móvil o el seguro del coche? Cómo mucho tiraremos de tarjeta para equilibrar el presupuesto familiar con la nómina del mes siguiente o esperando la extra. Pues el estado en sus diferentes versiones (nación, autonomía o ayuntamiento) no lo entiende así.

Esos 120.000 € que a cada familia le corresponden de deuda estatal han servido para pagar las pensiones de nuestros abuelos, las prestaciones por desempleo de nuestros parados, el gasto de las nóminas de los trabajadores estatales, es decir, esa deuda no sirve para financiar inversiones a largo plazo como carreteras, hospitales o escuelas. Es como si se estuvieran constituyendo hipotecas para pagar la barra de pan y la leche del desayuno. Esto en cualquier casa y en cualquier caso es un disparate.

Que en la sociedad tenemos que cuidar unos de otros a través de la colaboración entre todos no creo que lo rechacen muchos. Que sean nuestros hijos y nietos los que deban de pagar los dispendios de unos políticos que manejan con tal irresponsabilidad los dineros que tanto nos cuesta ganar a las familias y a las empresas me parece de un despropósito brutal.

No os preocupéis. En las elecciones del 26-J ninguno de los cuatro jinetes del apocalipsis estatista defenderá a la sociedad de un estado que reduce año a año, trimestre a trimestre, mes a mes las posibilidades de familias y empresas para que puedan decidir su futuro porque ya se encargarán los Montoros de turno en meter, legalmente eso sí, la mano en nuestros depauperados bolsillos.

Efectivamente, Hacienda tiene razón: “Contribuimos para recibir… palos”

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