DE OUTLETS, POLITICOS Y COMERCIANTES

¡Qué más quiere un falso empresario que recibir las gracias de un político!

¿Qué por qué empiezo hoy tan guerrero? Os explico. El ayuntamiento de Zaragoza ha dado vía libre a la instalación de un nuevo centro comercial en la antigua fábrica de colchones de la carretera de Logroño.

Romperé una lanza a favor del pequeño comercio urbano. Esas tiendas crean ciudad, tejen una red capilar que junto a otras iniciativas hacen de la capital del Ebro una ciudad más viva y dinámica.

Es evidente que el pequeño comercio cumple una misión fundamental en el proceso de distribución de bienes y servicios, no sólo para los zaragozanos sino para todos los que vienen de fuera. Bien es cierto que siguen precisando de más innovación, modernizar sus instalaciones, adecuar la oferta a una demanda cada vez más diversa y cambiante. Pero eso es lo propio del comercio: ofrecer a sus clientes aquello que precisan de la mejor manera posible.

También es cierto que los ciudadanos en su versión de consumidores no somos clientes de en un único tipo de comercio. Normalmente compramos en el comercio de proximidad, en el súper del barrio, de vez en cuando vamos a una gran superficie especializada e incluso compramos por internet.

Un proceso natural, normal, evolutivo, de generación de demanda respondida con una oferta adecuada se ve dificultado, obstruido, condicionado, autorizado, licitado por el poder burocrático y político.

De nuevo vemos como un pleno de un ayuntamiento o una reunión de un consejo de gobierno autonómico permiten decisiones que deberían corresponder a la autónoma decisión de un comerciante.

El problema de Zaragoza como gran ciudad es otro. El gran debate no es si grandes superficies sí o no, o en la periferia o el interior de la ciudad.

El debate es de ausencia total y absoluta de modelo urbano para una de las ciudades más antiguas de Europa.

Zaragoza no puede permitirse el lujo de crecer, de urbanizarse, de organizarse a golpe de PGOU que queda en papel mojado el día siguiente de su aprobación al ser modificado de forma sistemática.

Zaragoza se merece un proyecto de ciudad que diseñe las líneas de desarrollo de la misma para la próxima generación. Al igual que la constitución es el marco jurídico de relaciones para un país y no puede estar modificándose cada año, la constitución urbana de una gran ciudad como la capital de Aragón debería ser un PGOU de consenso, abierto a los actores, que evite especulaciones de suelo y edificaciones, que sea económicamente sostenible y temporalmente previsible.

De esta forma episodios como los vividos en el salón de plenos del ayuntamiento capitalino nos los hubiésemos ahorrado pero ni al burócrata porque se juega el su razón de ser, ni al político porque le quitas poder, ni al empresario beneficiado por la decisión política le interesa que esto cambie.

Un comentario en “DE OUTLETS, POLITICOS Y COMERCIANTES

  1. No termino de entender… somos los ciudadanos los que debemos elegir; pero lo que falta en la ciudad es un modelo de ciudad, que por supuesto decidan los políticos.

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