Fotos históricas del Bus de Zaragoza

ENTRE EL BUS Y EL BUSINESS

Llevamos ya unas cuantas fechas -demasiadas, creo yo- que se cansa una de ver cuál es el siguiente chascarrillo sobre las negociaciones de los partidos para la investidura, o no, de Pedro Sánchez a la presidencia del Gobierno de España.

Pero hete aquí que al abrir los diarios aragoneses me encuentro con crónicas similares que tienen que ver, precisamente, con aquello que nuestros políticos se han de esmerar en cuidar y no hacen: los servicios públicos. ¿Que a cuál me refiero? No es difícil de adivinar, que sí, que sí,… que me refiero a nuestro sufrido transporte urbano de Zaragoza. 

Tanto El Periódico de Aragón como el Heraldo hacían crónica del comunicado enviado por representantes sindicales de los trabajadores de los autobuses urbanos zaragozanos. Los titulares, prácticamente identicos: “Los trabajadores de Auzsa lucharán hasta el final por recuperar los derechos robados”

Es evidente la contundencia con la que se emplea la parte sindical en este conflicto que tiene en vilo a miles y miles de ciudadanos en la capital del Ebro.

Se cumplen ya dos meses desde que el comité de empresa acordó el inicio de esta huelga que tiene varias aristas que convendría analizar.

La primera corresponde al conflicto laboral como tal. Los trabajadores reivindican el cumplimiento de lo estipulado en su convenio colectivo y, bajo su punto de vista, sólo encuentran la vía del conflicto para superarlo. Hasta aquí no hay discusión. Hay un pacto entre trabajadores y empresa que ha de cumplirse y que cada uno interpretará según su interés, evidentemente.

“los trabajadores parece que quieren darle un puntapié a la empresa en el trasero de los ciudadanos”.

La segunda arista correspondería a la extensión o daños colaterales de la huelga. Como se suele decir, los trabajadores parece que quieren darle un puntapié a la empresa en el trasero de los ciudadanos que, como usuarios, son los paganos reales de este conflicto.

Ya tenemos varios actores en este vodevil en el que se está convirtiendo esta tragicomedia del autobús urbano zaragozano. Invitemos a otro más, al Ayuntamiento. De manera obligada ha sido llevado a este duelo en el que la empresa lo único que tiene que perder es una contrata (en la que por lo visto no parece estar ganando lo previsto) y en el que los trabajadores están para mejorar sus condiciones (ya de por sí halagüeñas en comparación con sus compañeros de servicios por carretera, por ejemplo)

Tal como decía es muy interesante la lectura del comunicado del Comité de Empresa de AUZSA en el que disparan munición a discreción contra la reforma laboral, contra el anterior alcalde y reivindican la municipalización como solución de todos los males. ¡Qué coincidencia!, la misma propuesta que ZeC propone para el más del centenar de contratas que tiene el consistorio zaragozano.

Sigo asombrada cuando no anonadada leyendo la prensa cercana y veo cómo la plantilla del bus urbano pide solidaridad con el colectivo en huelga ¡solicitando dinero! ingresándolo en una cuenta de la Laboral Kutxa. Según su propia información, los trabajadores en huelga dejan de percibir entre 300 y 500 euros cada mes de huelga. Claro, lo que no dicen al resto de la población es que el salario medio estimado de un trabajador de los autobuses es de alrededor de 35.000 euros brutos anuales (alrededor de 2.500 € netos mensuales).

Otro ataque más a la ciudadanía por parte de este comunicado que, como he dicho más arriba, no deja títere con cabeza, es aquel en el que se exculpa de los perjuicios que se causa a los usuarios del bus por la huelga indefinida: “excusatio non petita, accusatio manifesta”.

No voy a decir que me parece un insulto a la ciudadanía pero sí a la inteligencia de los miles de zaragozanos que sufren las consecuencias de una huelga que no han provocado y que en su inmensa mayoría suspirarían por tener esos salarios incluso descontados los 300 ó 500 euros de menos.

Mientras tanto la empresa no da su brazo a torcer e incluso se niega a que se audite su gestión (a estas alturas donde quedarán esos conceptos tan manidos de la Responsabilidad Social Empresarial). Me huele que estamos ante ese capitalismo corporativo o, como es llamado ahora, capitalismo de amiguetes, que se cree por encima del bien y del mal como si la ley, los pactos y contratos no fueran con ellos.

Por otro lado los trabajadores deleitando a la población con la ración de huelgas que tenemos que tragarnos sí o sí. En adelante no será nada extraño que los ciudadanos vayamos viendo a estos trabajadores cada vez con peores ojos, porque no es de recibo que propicien situaciones de tanta desprotección e impunidad en la que los paganos seamos siempre los mismos, las clases medias que crean riqueza a pesar de las dificultades puestas por castas de todo tipo (incluida la que va empezando a constituirse como “casta municipalizable”. Al tiempo).

El otro pico de este triángulo terrible: el Ayuntamiento. El grupo político que forma su gobierno en minoría (ZeC, no lo olvidemos) defiende la municipalización de todos los servicios externalizados. El fundamento de dicha medida dista mucho de mejorar el servicio que se le presta al ciudadano. Es muy sabroso el dulce con el que han podido captar votos de colectivos de trabajadores de contratas al servicio del municipio. El mantra que defienden ciertas formaciones de izquierda por el que se confunde el concepto de servicio público con el de la prestación del servicio lleva a propuestas tan peregrinas como lesivas para las más que vacías arcas municipales.

Hagamos un juego. Y vuelvo al latín… “Qui prodest?” ¿A quién beneficia? ¿Quién saca provecho de todo esto? Con la mecánica del clásico juego infantil del piedra papel o tijera se puede explicar. Cada parte, es decir, concesionaria del bus, trabajadores y ayuntamiento, tiene una baza en la que gana y otra en la que pierde. Veamos:

Concesionaria: su objetivo es optimizar los resultados de la actividad del servicio de autobuses urbanos de la ciudad. Tiene unas normas que cumplir plasmadas en el pliego de condiciones y que parecen estar orillando, forzando situaciones que le den cierta posición de fuerza en la negociación no ya de cara a los propios trabajadores como de cara al ayuntamiento. La concesionaria querrá mejorar sus condiciones económicas y así absorber las demandas laborales sin sacrificar beneficio empresarial

Trabajadores: juegan con dos barajas. Una que es la de su propio convenio colectivo. Reivindican el cumplimiento del mismo. De esta manera justifican la huelga y aparecen como víctimas atrapadas entre una empresa que les vuelve la espalda y un ayuntamiento que no cumple sus promesas electorales para regalarles el paraíso tan soñado para tantos de la municipalización.

Ayuntamiento: es rehén del programa electoral de Zaragoza en Común (ZeC) que proponen la municipalización de las contratas, es decir, la gestión directa de los servicios públicos que el ayuntamiento presta a través de empresas que han ganado una contrata. Tanto AUZSA como trabajadores han señalado al ayuntamiento como bálsamo de fierabrás para la resolución de un conflicto que amenaza con tornarse en crónico. La empresa solicitando una mejora económica de la contrata, los trabajadores para municipalizar el servicio…

Y ¿del ciudadano quién se preocupa? La oposición también quiere “pillar cacho” de esta situación consciente del fuego cruzado en el que se halla inmerso el alcade Santisteve. De esta manera promueve un incremento en los servicios mínimos obligando al equipo de gobierno a mover ficha decantándose entre trabajadores, ciudadanos o empresa. Los trabajadores, por mucho que quieran empatizar con los sufridos usuarios, no sólo no nos tranquilizan con, por ejemplo, una fecha final de la huelga o unos servicios que sean realmente mínimos, sino que se atreven a pedirnos dinero para cubrir la parte de sueldo que dejan de percibir por los días no trabajados por la huelga. Yo les propongo que parte de sus nada exiguos salarios los ofrezcan a tantos y tantos zaragozanos que no tienen un trabajo actualmente y que tienen que buscarlo moviéndose en autobús.

A mí me gusta ser igual de peleona que de positiva. Así que ahí van preguntas para un sano debate.

¿Por qué la izquierda se empeña en confundir el servicio público con la prestación pública de esos servicios? Más servicio público esencial que la leche y el pan no creo que haya y, sin embargo (toco madera) yo lo compro en el súper que es una empresa que actúa en concurrencia con otras que también ofrecen leche y pan.

¿Es el servicio de autobús urbano un servicio que deba prestar de forma obligada el ayuntamiento a través de la gestión directa?

¿Acaso el servicio de autotaxi no es un servicio público de transporte que funciona a riesgo de los propios taxistas?

¿Sería posible un sistema de prestación del servicio público de autobuses que recogiera lo positivo de cada forma de provisión?

“(…) el coste se ha disparado por encima de los 110 millones de euros con una recuperación de apenas algo más del 50% del coste.”

Un dato para la reflexión. Año 2006. El coste para el municipio del servicio de autobuses era de 75 millones de euros. Se recuperaba más del 60% del coste. Apenas 10 años después, con la polémica línea del tranvía en funcionamiento, el coste se ha disparado por encima de los 110 millones de euros con una recuperación de apenas algo más del 50% del coste. La lectura de estos datos es muy preocupante. El coste de explotación del tranvía se ve disparado y se trata de compensar con una disminuición no deseada en el servicio del bus.

Antes de hablar del autobús, ¿no sería lógico mirar el tema del transporte público desde el punto de vista del ciudadano? Al fin y al cabo el ciudadano es peatón, conductor, motero, ciclista, coge el taxi, el tranvía o el autobús según la necesidad que necesite cubrir. No se puede abordar el problema de la movilidad en la ciudad sin poner en el centro al ciudadano, guardando para otro momento los intereses, algunos legítimos y otros demagógicos, de empresa, trabajadores, políticos y burócratas.

La municipalización de los servicios contratados con empresas se propone porque no existe el control mínimo sobre el uso de fondos públicos en general, ni en las contratas, ni en las empresas de titularidad pública, ni en el propio consistorio, tal y como el Tribunal de Cuentas y la Cámara de Cuentas nos recuerdan una y otra vez sin que nadie se haga responsable.

Y una pregunta más ¿en qué teorema se basa la izquierda para llegar a la conclusión de que una empresa especializada en una tarea no va a realizar dicha tarea optimizando los recursos empleados? ¿Acaso eso no es mejor para los ciudadanos? Lo hace quien sabe hacerlo y optimizando económicamente la labor.

¿En qué se basa la derecha para interpretar que la privatización es mejor que la provisión pública de los servicios si no es capaz de que varias empresas actúen en libre concurrencia?

Entre una izquierda intervencionista que nos cuesta una pasta, una derecha que apuesta por un capitalismo de amiguetes que no mejora la situación del ciudadano y un centro que actúa de buenista y que no sabe, ¿qué nos queda a los ciudadanos? Aguantaformo

Un comentario en “ENTRE EL BUS Y EL BUSINESS

  1. Si te pones analizar un conflicto al menos utiliza datos verídicos.No el que oyes de un gerente.No se gana 35000 euros y no se gana más que otros compañeros de carretera de la que yo ya venía.Sueldo bruto trabajando el 90% de fines de semana anuales Navidades.Sin saber horarios de día en día hasta última hora del día.Trabajar todos los festivos y tener horarios de pena..Es decir un día a las 4 madrugada al siguiente cierras a las 2. Toda esa basura por el módico precio de 27000 brutos..Ósea netos 22000 .Echa cuentas y luego analizas.ate podría contar mil cosas más.Pero un día acercarte aún trabajador y te contamos porque no tienes una idea ni cercana

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